{"id":1432,"date":"2018-04-03T22:46:59","date_gmt":"2018-04-03T22:46:59","guid":{"rendered":"https:\/\/sgf.freedomflotilla.org\/?page_id=1432"},"modified":"2025-02-12T01:47:56","modified_gmt":"2025-02-12T01:47:56","slug":"weekly-diary-of-a-child-who-was-not-allowed-to-be-a-child","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/sgf.freedomflotilla.org\/es\/literary-contest\/weekly-diary-of-a-child-who-was-not-allowed-to-be-a-child","title":{"rendered":"Diario semanal de un ni\u00f1o al que no dejaron ser ni\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p class=\"entry-title\">Primer premio en castellano<\/p>\n<h4>por\u00a0Yusra el Kasmy el Kasmi<\/h4>\n<figure id=\"attachment_1433\" aria-describedby=\"caption-attachment-1433\" style=\"width: 225px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-1433\" src=\"https:\/\/sgf.freedomflotilla.org\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/Yusra-el-Kasmy-el-Kasmi-768x1024-225x300.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/sgf.freedomflotilla.org\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/Yusra-el-Kasmy-el-Kasmi-768x1024-225x300.jpg 225w, https:\/\/sgf.freedomflotilla.org\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/Yusra-el-Kasmy-el-Kasmi-768x1024.jpg 768w, https:\/\/sgf.freedomflotilla.org\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/Yusra-el-Kasmy-el-Kasmi-768x1024-315x420.jpg 315w, https:\/\/sgf.freedomflotilla.org\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/Yusra-el-Kasmy-el-Kasmi-768x1024-640x853.jpg 640w, https:\/\/sgf.freedomflotilla.org\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/Yusra-el-Kasmy-el-Kasmi-768x1024-681x908.jpg 681w\" sizes=\"auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-1433\" class=\"wp-caption-text\">Yusra el Kasmy el Kasmi<\/figcaption><\/figure>\n<p><i>Ciudad de Gaza, \u00e9poca actual\u00a0<\/i><\/p>\n<p><i>I \u2013 Los lunes\u00a0<\/i><\/p>\n<p>Esta vez son catorce soldados. Aunque acostumbran a ser m\u00e1s. Irrumpen, como pr\u00e1ctica habitual, con sus fusiles M16 colgados del hombro. Con una insignia escrita en hebreo sobre una bandera israel\u00ed grabada en un uniforme verde oliva. Un uniforme cosido a medida para cada uno de los hombres que perpetran una escena muy com\u00fan: protegidos hasta las garras forcejean contra un ni\u00f1o. \u00c9l es Zaid. Zaid llora desconsoladamente. Un arresto m\u00e1s. Ellos lo tildan como detenci\u00f3n \u201cadministrativa\u201d. Zaid no sabe por qu\u00e9 se llevan a su padre ni cu\u00e1ndo volver\u00e1 a verlo. Su padre tampoco conoce qu\u00e9 pruebas lo incriminan. Los ocupantes tampoco las necesitan: ya puede refutar y negar lo que quiera. No ser\u00e1 escuchado.<\/p>\n<p>Le vendan los ojos y le atan las manos con unas bridas. Zaid llora con m\u00e1s fuerza. Pero el miedo no se apodera de \u00e9l. Le han ense\u00f1ado que RESISTIR ES EXISTIR y contin\u00faa pegando patadas, como puede, a los soldados que intentan acallarle y mitigar sus gritos. Los ni\u00f1os corren hacia sus hogares para dar noticias a sus allegados de lo que est\u00e1 ocurriendo: \u201c\u00a1al-jaish, al-jaish!\u201d. Los soldados marcan, victoriosamente, territorio. Se llevan al detenido, un padre de seis varones y, hasta el momento, el \u00fanico sustentador de la familia. Lo someter\u00e1n a un interrogatorio, recibir\u00e1 torturas y malos tratos durante su arresto. Suertudo es Zaid: al menos a \u00e9l no se lo han llevado.<\/p>\n<p><i>II \u2013 Los martes\u00a0<\/i><\/p>\n<p>Zaid tiembla mientras susurra entre l\u00e1grimas &lt;&gt;. Una excavadora a diez metros de su casa va a proceder con la demolici\u00f3n. Seg\u00fan los militares, la casa debe ser derribada porque su padre es un delincuente y no dispone de autorizaci\u00f3n para ser terrateniente de ese trozo de tierra sobre el que se levanta el hogar. En Jerusal\u00e9n ya han construido much\u00edsimos asentamientos, innumerables. En otros rincones de Cisjordania han derrumbado propiedades palestinas para construir islas israel\u00eds. \u00bfAhora me toca a m\u00ed? \u2013se pregunta Zaid. Pero la sanguijuela chupa con el pasar del tiempo con m\u00e1s \u00edmpetu: los 2<\/p>\n<p>ocupantes expropian, privan y roban tierras sin cesar. Gaza se hace cada vez m\u00e1s peque\u00f1a.<\/p>\n<p>En esa casa, Zaid se protegi\u00f3 innumerables veces del gas lacrim\u00f3geno, de las balas reales y de pl\u00e1stico, de los chorros de agua sucia disparados por los ocupantes; ah\u00ed fue donde jug\u00f3 con sus vecinos; en ese hogar creci\u00f3 bajo las consignas de la ocupaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ese hogar donde aprendi\u00f3 a resistir y a normalizar el d\u00eda a d\u00eda ya solo eran ruinas\u2026<\/p>\n<p><i>III \u2013 Los mi\u00e9rcoles\u00a0<\/i><\/p>\n<p>Zaid nota una oleada de repugnancia en la boca de su est\u00f3mago. Cuando su madre muri\u00f3 \u2013por cierto, asesinada\u2013, su padre tuvo que hacerse cargo de \u00e9l. No tuvo nunca suficiente dinero para poder responsabilizarse de todos los gastos: comida, educaci\u00f3n, remedios\u2026 dado que atend\u00eda durante pocas horas el negocio, blindando as\u00ed la educaci\u00f3n de sus hijos. Pero lo peor de todo es que cinco de sus seis hijos varones hab\u00edan sido encarcelados sin motivo.<\/p>\n<p>Zaid ha pasado la noche sobre los restos de su casa. Un vecino le rog\u00f3 que se fuera con \u00e9l, pero Zaid insisti\u00f3 en proteger los escombros de su casa. Se niega a permitir que los soldados hagan de esa parcela un nuevo logro de la ocupaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2013Aqu\u00ed me quedo protegiendo lo que tanto sudor le cost\u00f3 a mi padre \u2013sentencia.<\/p>\n<p><i>IV \u2013 Los jueves\u00a0<\/i><\/p>\n<p>Y as\u00ed pasaron los lunes, los martes y los mi\u00e9rcoles durante tres meses seguidos, en los que Zaid coronaba la fila de las ayudas humanitarias que ven\u00edan del exterior. Un conocido de su hermano mayor le construy\u00f3 una chabola ante los restos de su casa y ese era el sitio donde Zaid se refugiaba todas las noches, rechazando cualquier invitaci\u00f3n de sus vecinos, convirti\u00e9ndose as\u00ed en un s\u00edmbolo de resistencia entre los gazat\u00eds. Por las ma\u00f1anas iba al colegio. Estaba dispuesto a lidiar la ocupaci\u00f3n form\u00e1ndose, puesto que era consciente que la educaci\u00f3n y el aprendizaje produc\u00edan furor en los sionistas. Por las tardes, vend\u00eda pan en el negocio de un amigo de su padre 3<\/p>\n<p>con el objetivo de ganarse unas monedas y cubrir as\u00ed la alimentaci\u00f3n de los d\u00edas en que la ayuda internacional menguaba.<\/p>\n<p>El cierre del paso de Rafah hab\u00eda reducido el abastecimiento de ayuda internacional y de medicinas. Incluso las personas gravemente enfermas no ten\u00edan autorizaci\u00f3n para cruzar la frontera salvo en ocasiones contadas. Lo mismo pasaba con las personas que deb\u00edan trasladarse de Gaza a Ramallah o a otra ciudad de West Bank para ser operadas quir\u00fargicamente.<\/p>\n<p>Gaza, convertida en una aut\u00e9ntica c\u00e1rcel sin techo, sab\u00eda que jam\u00e1s volver\u00eda a contar con la reconstrucci\u00f3n de su aeropuerto destruido por Las Fuerzas de Seguridad de Israel en 2001, ni de un puerto mar\u00edtimo que estuviese al alcance de sus habitantes.<\/p>\n<p><i>V \u2013 Los viernes\u00a0<\/i><\/p>\n<p>Simult\u00e1neamente a la llamada de la oraci\u00f3n, un llanto desesperado rompe la armon\u00eda del momento: una vecina grita auxilio. R\u00e1pidamente un grupo de personas acuden en tropel y se aglomeran alrededor de un cuerpo. Gritos de <i>Allahu Akbar <\/i>se oyen al unis\u00f3n. Zaid resta inconsciente en el suelo. Una bala parece perforarle el pulm\u00f3n izquierdo. Llaman a la ambulancia en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n. Pero las ambulancias palestinas no pueden acceder porque Israel bloquea su circulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los militares aseveran que han abierto fuego contra los ni\u00f1os porque estos les lanzaban piedras. Alegan que ellos son los culpables porque han hecho caso omiso de disparos previos de advertencia para que cedieran su tiro. La ambulancia no llegar\u00e1 hasta dentro de dos horas m\u00e1s tarde, lo m\u00e1s pronto. Pero Zaid se desangra\u2026<\/p>\n<p><i>VI \u2013 Los s\u00e1bados\u00a0<\/i><\/p>\n<p>La ambulancia aguarda en un <i>checkpoint <\/i>esperando el permiso de la ocupaci\u00f3n para desplazarse hacia el hospital. Zaid sigue inconsciente y su salud se deteriora porque la ambulancia no dispone de ning\u00fan soporte vital b\u00e1sico. Tampoco contiene botellas de ox\u00edgeno medicinal. La salud de Zaid 4<\/p>\n<p>pende de un hilo. Un param\u00e9dico pronuncia por \u00e9l la <i>shahada. <\/i>Parece oler una muerte inminente.<\/p>\n<p><i>VII \u2013 Los domingos\u00a0<\/i><\/p>\n<p>En el hospital se respira horror: faltan medicamentos y material b\u00e1sico para tratar a los enfermos y a los heridos que sufren los ataques militares israel\u00edes. Despu\u00e9s de doce horas, Zaid ya se encuentra en la camilla de un hospital. Un m\u00e9dico brit\u00e1nico lo intuba y monitoriza. Sus constantes no parecen ir a favor de su vida. Sin embargo, los cirujanos se lavan lo m\u00e1s r\u00e1pido posible. El primer paso es retirar la bala.<\/p>\n<p>Pero el d\u00eda anterior, las milicias palestinas lanzaron cohetes artesanales desde la Franja hacia Israel para vengar los disparos que comprometen en este momento la vida de Zaid. E Israel responde: otro corte de electricidad en el hospital Al Shifa, el mayor complejo hospitalario de Gaza. Se detienen todos los generadores. Los veinte reci\u00e9n nacidos que reposan en las incubadoras mueren. Y se apaga tambi\u00e9n la vida de Zaid.<\/p>\n<p><i>Ep\u00edlogo\u00a0<\/i><\/p>\n<p>Estos no son tan solo los siete d\u00edas de la semana de Zaid. Son los siete d\u00edas de todos los ni\u00f1os que crecen en Palestina. Subyugados, oprimidos, sin derecho a una vivienda digna, sin derecho a una educaci\u00f3n digna, sin derecho a una VIDA DIGNA. Observadores de demoliciones, expropiaciones de tierras, asesinatos, arrestos injustos de sus familiares. Sometidos tambi\u00e9n a detenciones ilegales y a torturas por el simple hecho de ser palestinos. Pero en un pa\u00eds sometido al asedio sionista, los palestinos tratan de dar normalidad a sus vidas y tratan de resistir la ocupaci\u00f3n. Est\u00e1n convencidos que RESISTIR ES EXISTIR y su \u00fanica petici\u00f3n al mundo \u201coccidental\u201d es que tanto t\u00fa, como yo, dejemos de ser c\u00f3mplices de la pasividad y el silencio.<\/p>\n<p>El jurado ha otorgado este Primer premio por \u201c<i>por resaltar y rendir un decidido homenaje a\u00a0 la capacidad de resistencia del ser humano. Todo ello\u00a0 expresado con una profunda forma l\u00edrica. Al mismo tiempo el Jurado considera que la estructura narrativo-l\u00f3gica del relato\u2014idea del paso del tiempo, acontecimientos sugeridos, hechos acaecidos\u2013 no disminuye, en absoluto, la posibilidad que se le ofrece al lector de verse implicado emocionalmente en \u00e9l\u201d.<\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Primer premio en castellano por\u00a0Yusra el Kasmy el Kasmi Ciudad de Gaza, \u00e9poca actual\u00a0 I \u2013 Los lunes\u00a0 Esta vez son catorce soldados. Aunque acostumbran a ser m\u00e1s. 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